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Los padres de la pequea Alejandra Serrano, de 4 aos, también buscaban su particular sueo americano desde su casa de Vilallonga del Camp, en Tarragona. Solo que, para cumplirlo, tenían que reunir los 200.000 euros que costaba el tratamiento que necesitaba su hija por un bichito, según la madre, Paloma Olmos en el Memorial Sloan Kettering (MSK) de Nueva York, uno de los centros de referencia mundiales en la lucha contra el cáncer junto al MD Anderson de Houston (Texas). Alejandra, víctima de un agresivo neuroblastoma, estaba más acostumbrada al sabor metálico de la quimioterapia que al dulce de las chuches. Pero después de varias operaciones e incontables sesiones de radioterapia, los médicos del hospital San Joan de Déu de Barcelona solo vislumbraban una salida: las técnicas experimentales en el campo de la inmunoterapia del hospital neoyorquino podían aumentar la esperanza de vida de la nia del 30% al 70%. Así que, durante todo el ao 2010, Paloma Olmos movió Roma con Santiago para conseguir un dinero que no tenía. Creó una página en Facebook, abrió una cuenta para que cualquier ciudadano pudiera colaborar y contactó con varios cantantes de Triunfo que se ofrecieron para recaudar fondos con varios conciertos. Incluso montó una rifa, en la Feria de la Avellana del pueblo, en la que se sorteó una camiseta del Barcelona firmada por Messi, Iniesta y compaía. No fue suficiente. Alejandra no llegó a conocer Nova Yor, como ella decía, y murió poco después del día de Reyes de 2011.

En noviembre de ese mismo ao, el cáncer decidió prender la glándula parótida de Tito Vilanova, por entonces segundo entrenador del Barcelona, el equipo que había intentado aportar su granito de arena para salvar la vida de Alejandra. Tito, como Alejandra, también se puso en manos de los médicos más cercanos, aunque el míster se planteó desde el primer momento tratarse fuera de Espaa porque su caso requería una intervención muy compleja, según explicaba hace unos meses en una entrevista a TV3. Pero la doctora Bescós maxilofacial del hospital Vall d me transmitió tanta confianza que entré al quirófano como quien baja a tomarse un café, reconocía. Un ao después, cuando reapareció el tumor, las cosas se pusieron feas y Tito Vilanova no dudó en hacer las maletas gastarse lo que hiciera falta para tratarse, precisamente, en el Sloan Kettering. Enclavado en el centro de Manhattan, el hospital cuenta con tratamiento individualizado, los mejores cirujanos especialistas en oncología del mundo, las técnicas más avanzadas y la experiencia que aporta analizar más de 40.000 tumores al ao, glosa su web. El centro está dirigido por el médico catalán José Baselga, que también capitanea el Instituto de Oncología del Vall d y que está considerado uno de los especialistas más reputados del mundo. Fue Baselga quien aconsejó a Tito que se mudara a Estados Unidos para que otra eminencia en el diagnóstico y el tratamiento del cáncer, el doctor Thimothy Chan, le ofreciera una segunda opinión sobre un tumor del que no llegan buenas noticias, según confirman periodistas del entorno del Barcelona como Cristina Cubero o Quim Doménech. No obstante, al entrenador se le espera en la Ciudad Condal el lunes de la próxima semana. Lo más importante es que Tito se recupere. El fútbol es un juego, se sinceraba este mes el director deportivo, Andoni Zubizarreta.

Pero, era necesario que Tito se marchara tan lejos para poner freno a su enfermedad? Precisamente, el propio Baselga aseguraba hace tiempo que es muy poco justificable tener la sensación de que si vas a Estados Unidos o al extranjero te van a tratar mejor. También lo cree José Francisco Tomás, el director médico del MD Anderson Cancer Center de Madrid, la primera filial en el mundo del prestigioso hospital texano. De hecho, muchos famosos a los que se les diagnostica cáncer van directamente a Nueva York o Houston a tratarse y, cuando llegan allí, les mandan de vuelta a Espaa porque las técnicas para ese cáncer y las garantías de curación son las mismas.

Uno de los centros de referencia en nuestro país es el Instituto Valenciano de Oncología (IVO), cuya tecnología es comparable a la de los mejores hospitales monográficos del mundo y que anualmente atiende a más de 4.000 pacientes. El doctor Andrés Poveda, uno de los más de 600 profesionales de la institución pero sin ánimo de lucro, como los dos centros americanos opina lo mismo que Baselga y Tomás y elogia el excelente nivel en diagnóstico y tratamiento que hay en Espaa. Hospitales como Puerta de Hierro o Vall d son buenos ejemplos. En la mayoría de los casos no tiene sentido irse fuera. Tenemos medios, experiencia y estructura para combatir el cáncer. Además, llevamos más de veinte aos intercambiando información con colegas americanos sobre los estudios y ensayos clínicos que llevamos a cabo en los hospitales de ambos países. José Francisco Tomás va más allá y aporta cifras: Solo en un 5% o un 7% de los casos merece la pena acudir a hospitales norteamericanos. Por lo general, cuando la situación es desesperada y se buscan nuevas opiniones, nuevas alternativas, revela Poveda.

Entonces entran en juego esas mínimas ventajas que los especialistas atribuyen a los hospitales americanos: Como tratan a más pacientes y analizan más tumores, generan más ensayos clínicos, más técnicas experimentales y más medicamentos nuevos, precisa Tomás. Además, los famosos buscan allí la privacidad y la comodidad que quizá no tendrían en Espaa. Otros especialistas, como la oncóloga Graciela García, del Insituto Madrileo de Oncología (IMO), creen que aún persiste el mito de los aos 60 y 70, cuando Estados Unidos aún nos llevaba mucha ventaja y se veía como la tierra prometida. Hoy por hoy, prácticamente no hay diferencias entre tratarse aquí o tratarse fuera.

Muchas de esas celebridades han dilapidado sus ahorros en busca de una esperanza que no cuesta menos de 150.000 euros, aunque las cifras varían en función del tipo de cáncer, los días de ingreso en el hospital. Un trasplante de médula en el MD Anderson texano, por ejemplo, cuesta alrededor de 400.000 euros, aunque los precios en la filial madrilea, donde el 80% de los pacientes tiene seguro, son mucho más moderados. Y eso que el centro revierte sus beneficios en la universidad y en la investigación contra la enfermedad, según Tomás. Lo mismo pasa con el Sloan Kettering y la mayoría de los institutos in USA especializados en la lucha contra el cáncer. Pero el dinero importa muy poco cuando lo que está en juego es una última salida para seguir viviendo.

Lo sabe bien la modelo y actriz María Pineda, de Joaquín Cortés, que pelea contra un cáncer de pulmón desde 2009 y que durante los últimos meses ha visto menguar su cuenta hasta números muy rojos. Pineda lleva tiempo montando saraos entre sus amigos para recaudar fondos y poder someterse a un nuevo tratamiento en Nueva York. La lista de famosos que han cruzado el charco en busca de una curación sin garantías es larga. Desde Concha García Campoy a la exministra Ana Palacio y Lara Dibildos, pasando por las ya fallecidas Rocío Dúrcal y Rocío Jurado, que dejaron parte de su fortuna en Houston, o el tenor José Carreras. El coste del tratamiento se puede multiplicar hasta por diez en Estados Unidos, pero hay que tener en cuenta que luchar contra el cáncer no es barato. Aunque en Espaa es menos perceptible porque la sanidad es pública, un tratamiento aquí no cuesta menos de 30.000 euros. Lo mejor que se puede hacer es elegir el centro cercano más adecuado, aconseja Tomás.
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