botas ugg outlet La caja mágica de J

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Abrams organizada por TED (Technology, Entertainment, Design), en la que el creador de Fringe analiza por qué razón, en todo lo que hace, siempre hay un alto componente de misterio.

Para desentraar la cuestión, mientras nos muestra fragmentos de películas propias y ajenas, el muchacho de gafas se remonta a su más tierna infancia y nos habla sobre su obsesión por la tecnología del papel, su fanatismo por las máquinas y las herramientas, y su posterior admiración por Apple y Steve Jobs.

Pero más allá de esto, relaciona dos claves para desentraar sus obsesiones de adulto: la influencia de su abuelo materno y la presencia de una caja mágica que lo acompaa desde que era un nio sellada en sus dos extremos y que él jamás abrió.

La charla está en inglés, pero si se fijan bien en el botón que dice “view subtitles” pueden buscar la opción del idioma que gusten.

Bis: “Y la caja misteriosa, en honor a mi abuelo, seguirá sin abrir”.

La conferencia trata del Misterio, de porqué le gusta tanto el misterio y porqué está en casi todas sus obras.

Después de ver los 18 minutos (entiendo que la conferencia duró más) es evidente que Abrams mezcla conceptos, se atropella y se embarulla, para finalmente decir las cuatro cosas que a él le interesan.

1. El misterio que envuelve las cosas le viene de nio, su fascinación por la magia y todo lo que involucra procesos desconocidos.

2. En un remake, copia la esencia del personaje, no los efectos.

3. Le gustan las explosiones y los efectos digitales.

4. Si abres la caja se desvela el misterio.

Sin embargo en sus dos series más existosas hasta la fecha, el propio Abrams se contradice. En Alias, por ejemplo, la serie se sustenta gracias a los lazos emocionales entre padre e hija, que se rompen cuando aparece una tercera persona, el novio de Sydney Bristow. El misterio lo proporciona ese remedo de Leonardo DaVinci, bautizado en la serie como Milo Rambaldi. El problema es que a medida que avanzan las temporadas y se desvelan más misterios sobre el citado personaje, las espectativas se desinflan.

Algo parecido ha ocurrido en LOST. Quizá el problema, como muy bien apunto Stephen King en su momento,
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es que los buenos creadores deben saber poner fin a tiempo a su obra. Por desgracia en la tele (y por todas partes) prima el dinero. Y mientras la gallina ponga huevos de oro, a ver quien tiene coraje para matarla.

Las buenas historias de misterio funcionan como muecas Matriuskas, y a medida que abres una te encuentras con otra. Al final, si el narrador tiene ingenio (Hitchcock) te habrás olvidado de la primera y lo importante será otra cosa.

En la obra de Abrams, la última mueca Matriuska termina siendo un apao, un cabo si atar, creado tras altas dosis de enredo, en el que las cosas ya no tienen ni pies ni cabeza.

El final, tramposo, de LOST ya está contado en películas y obras como “Otra vuelta de tuerca” y más recientemente con elegancia en “Los otros”. Podría seguir, pero el comentario sería demasiado largo.

[por milos]

Estamos ante un alumno de Hitchcock y Spielberg, como él mismo demuestra en esta presentación, con más devoción por el segundo que por el primero.

La conferencia trata del Misterio, de porqué le gusta tanto el misterio y porqué está en casi todas sus obras.

Después de ver los 18 minutos (entiendo que la conferencia duró más) es evidente que Abrams mezcla conceptos, se atropella y se embarulla, para finalmente decir las cuatro cosas que a él le interesan.

1. El misterio que envuelve las cosas le viene de nio, su fascinación por la magia y todo lo que involucra procesos desconocidos.

2. En un remake, copia la esencia del personaje, no los efectos.

3. Le gustan las explosiones y los efectos digitales.

4. Si abres la caja se desvela el misterio.

Sin embargo en sus dos series más existosas hasta la fecha, el propio Abrams se contradice. En Alias, por ejemplo, la serie se sustenta gracias a los lazos emocionales entre padre e hija, que se rompen cuando aparece una tercera persona, el novio de Sydney Bristow. El misterio lo proporciona ese remedo de Leonardo DaVinci, bautizado en la serie como Milo Rambaldi. El problema es que a medida que avanzan las temporadas y se desvelan más misterios sobre el citado personaje, las espectativas se desinflan.

Algo parecido ha ocurrido en LOST. Quizá el problema, como muy bien apunto Stephen King en su momento, es que los buenos creadores deben saber poner fin a tiempo a su obra. Por desgracia en la tele (y por todas partes) prima el dinero. Y mientras la gallina ponga huevos de oro,
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